viernes, 26 de septiembre de 2014

¿Cómo era la economía mundial en el siglo I?

La economía global del siglo I, dominada por el Imperio Romano, tenía un sistema bancario, una moneda que se usaba tanto en Italia como en la península ibérica o Britania y un sistema legal unificado.



Los documentos históricos son escasos, pero un estudio del alemán Deutsche Bank calcula que Roma controlaba el 25% de la producción mundial y que su sombra imperial se extendía por gran parte del planeta.

Según el estudio, sus principales rivales eran Parthia –aproximadamente lo que hoy es Irán – y los bárbaros de Alemania, que apenas generaban un 2% y 1% de la producción mundial, respectivamente.

Peter Temin, economista emérito de la Universidad de Massachusetts y autor de The Roman Market Economy (La economía de mercado romana), opina que la economía del imperio romano en el siglo I era similar a la del siglo XVII y XVIII, justo antes de la gran revolución industrial.

“Desde luego que la industria y agricultura eran mucho más rudimentarias que lo que tenemos hoy, pero había una economía de mercado y una distribución del ingreso tan desigual como la actual en Estados Unidos”, indicó.

Y, según los expertos, el imperio era “la columna vertebral de esa economía”.

El imperio sin fin

En “La Eneida”, Virgilio caracteriza a Roma como el imperium sine fine.

Y es que, hasta donde daban los conocimientos de la época, el imperio abarcaba prácticamente el mundo entero: casi toda Europa Occidental, el norte de África, partes de Medio Oriente. Más allá, la barbarie o lo desconocido.

Si se suman tanto los miembros plenos como los estados tributarios, el cálculo del Deutsche Bank –en un estudio que no incluyó a China, India y América- es que el Imperio Romano representaba el 70% de la economía global.

Este imperium sine fine tenía entre 50 y 100 millones de habitantes y una red de carreteras tan avanzada que se siguió usando hasta el siglo XIX.

“El sistema bancario era mucho más rudimentario que el actual, pero servía para financiar el consumo y la producción. Los préstamos tenían tasas de interés y usaban colaterales para garantizarlos como, por ejemplo, la propiedad de los viñedos”, señaló Peter Temin.

Roma la esplendorosa


Durante mucho tiempo los historiadores caracterizaron a Roma como una economía que giraba en torno a una agricultura de subsistencia, con ínfima innovación tecnológica y un desarrollo que, para muchos, era un virtual estancamiento.

Sin embargo, según Willem M. Jongman, de la Universidad de Groningen, Holanda, y autor de The Economy and Society of Pompey (La economía y sociedad de Pompeya), el imperio fue una de las cimas del crecimiento pre-industrial.

“El problema era que los ingeniosos cálculos que hacían los historiadores del PIB de Roma se basaban en muy pocos documentos. Era el equivalente a reconstruir el PIB de Estados Unidos con los recibos del precio de una hamburguesa en Kentucky en los años 30, de un coche en Virginia en los 60 y del salario de un electricista en San Luis en los 70”, señaló.

Con los avances de la investigación arqueológica, los historiadores pudieron superar este obstáculo al poder reconstruir la sociedad de una manera mucho más precisa a partir del análisis exhaustivo de la tierra, las ciudades, las ruinas, los utensilios y adornos.

“Esta nueva metodología nos ha permitido ver que el imperio romano tuvo un gran aumento poblacional y que experimentó un fuerte incremento del consumo y la producción. Desde ya que no era una economía como la moderna que crece a un 1,5% anual y tiene grandes avances tecnológicos, pero sí una economía que se expandió y permitió un mejoramiento sostenido del nivel de vida”, indicó Jongman.

Los hallazgos de osamenta animal y de criaderos de pesca han permitido constatar un aumento del consumo de carne y el pescado en una población en continuo aumento.

La existencia de viñedos y la comercialización del vino por buena parte del imperio es otra muestra de una importante industrialización agrícola.

“Roma era una ciudad de un millón de habitantes. Recién en el siglo XIX Londres llega a tener este volumen de gente. Como puede ver cualquier turista hoy en día, no se trataba de una ciudad de chozas construidas en medio del barro.

"El nivel de edificación era tan sofisticado que no sólo asombró al Renacimiento sino que nos sigue enmudeciendo hoy. En esta ciudad tan sofisticada las necesidades de sus consumidores eran atendidas por este continuo excedente de la producción agrícola o vitivinícola o ganadera”, indicó Jongman.

La pax romana

La mayor parte del comercio se hacía en el interior de este vasto imperio dividido en provincias, como se llamaba a los territorios conquistados que poseían un altísimo nivel de autonomía.

Pero a Roma llegaba arroz importado de India y seda de China.

El imperio usó más hierro y metales que todas las sociedades previas. En España, Galia, Bretaña y las provincias del Danubio se abasteció de oro, plata, cobre, carbón y bronce usados en la construcción edilicia y en la fabricación de armas, llaves, sellos y carros de combate.

“Había una pax romana. Roma proveía una seguridad que ninguna sociedad pre-industrial podía tener respecto al pillaje y la piratería. A cambio los países pagaban tributo. La conquista era cruel, pero una vez pasada esta etapa, los romanos mostraron un gran talento para el gobierno.

"Si Roma se beneficiaba, lo cierto es que también había progreso en las regiones que incorporaba como se veía en el aumento de la población, consumo y producción de esos territorios”, señala Jongman.

Una de las tres regiones en que estaba dividida la península ibérica, la hispania Baetica –actual Andalucía– se convirtió en una gran exportadora de aceite de oliva: su mayor cliente fue la misma Roma.

Las ánforas halladas en Monte Testacio, Roma, son uno de los “documentos arqueológicos” del volumen de esta exportación: contenían unos 580 mil metros cúbicos de aceite.

El cálculo es que solamente esa zona del Monte Testacio en Roma importaba más de 7 millones de litros anuales.

“El otro gran poder de la época, China, era un estado replegado sobre sí mismo. Es la gran diferencia con Roma, que era una potencia en permanente expansión.

"Por eso, en la medida en que se puede, si hablamos de la economía mundial del siglo I, estamos hablando del Imperio Romano”, destacó Peter Temin.

Publicada por BBC Mundo.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La fascinación por la misteriosa tumba de la era de Alejandro Magno

El descubrimiento de una enorme tumba en el norte de Grecia ha fascinado a todo el mundo.
¿Quién está enterrado allí?, se preguntan.

A principios de agosto, un equipo de arqueólogos griegos liderados por Katerina Peristeri desenterró lo que las autoridades dicen que es el lugar de enterramiento más grande descubierto en el país. Y data de la época de Alejandro Magno.

El sepulcro está en la antigua Anfípolis, una importante ciudad del reino de Macedonia, 100 km al este de Tesalónica, la segunda ciudad de Grecia.

Su estructura se remonta a finales del siglo IV antes de Cristo y tiene 500m de ancho, más grande que la tumba del padre de Alejandro, Felipe II, ubicada en Vergina, al oeste de Tesalónica.

"Estamos observando con asombro y con profunda emoción la excavación en Anfípolis", le asegura a la BBC Konstantinos Tasoulas, ministro de cultura de Grecia.

"Se trata de un monumento funerario de dimensiones únicas e impresionante maestría artística. Los más bellos secretos se esconden justo debajo de nuestros pies".

Guardianes antiguos y modernos

Dentro de la tumba, los arqueólogos descubrieron dos magníficas cariátides.

Cada una de las figuras femeninas esculpidas tiene un brazo extendido, presumiblemente para disuadir a los intrusos e impedir que entren a la cámara principal de la tumba.

Y sus contrapartes modernas están sentadas en un auto policial, unos 200m de la entrada de la tumba. La excavación está protegida las 24 horas por dos policías.

Su misión es mantener alejadas a las decenas de periodistas y turistas que llegan aquí por un sinuoso camino de tierra desde la aldea más cercana, Mesolakkia.

Y por si no queda claro, una imponente señal de "No entrar" sirve para el mismo propósito.

El equipo de excavación no ha hecho ninguna declaración sobre la identidad del ocupante de la tumba.

Pero eso no ha impedido que los medios de comunicación, los arqueólogos y la gente común y corriente ya hagan sus apuestas.

Los arqueólogos coinciden en que la magnificencia de la tumba significa que fue construida para una persona prominente, tal vez un familiar directo de Alejandro Magno. Quizás su madre, Olimpia, o su mujer, Roxana, o algún noble macedonio.

Otros dicen que podría ser un cenotafio.

Pero sólo el equipo de excavación puede dar respuestas definitivas. Y el progreso ha sido lento, ya que los trabajadores descubrieron una tercera cámara que corre peligro de colapsar.

Magno candidato

Los expertos no han llegado a un veredicto. Pero para los pocos cientos de habitantes de Anfípoli y Mesolakkia, los dos pueblos más cercanos al lugar de la excavación, no hay duda: dentro de la imponente tumba con paredes de mármol que yace a pocos metros de sus casas, no puede haber otro que Alejandro Magno.

"Sólo Alejandro amerita un monumento semejante", dice Antonis Papadopoulos, un agricultor de 61 años, mientras se toma un café en una taberna frente al museo arqueológico de Anfípoli.
"La magnitud y la opulencia de esta tumba es única. El sentido común dice que es él quien está sepultado allí".

Los arqueólogos y el ministerio de cultura griego advierten en cambio que esta es sólo una especulación, especialmente porque se cree que Alejandro Magno fue enterrado en Egipto.

"Estamos naturalmente ansiosos por conocer la identidad del ocupante de la tumba, pero eso será revelado a su debido tiempo por los excavadores", dice el ministro Tasoulas.

El descubrimiento, fruto de dos años de excavaciones, fue anunciado durante una visita de Antonis Samaras, primer ministro griego, que se acercó al sitio el mes pasado y lo describió como "muy importante".

Desde aquel anuncio, Anfípoli y Mesolakkia se han llenado de gente, con un bullicio que irrumpe en el ritmo lento y tranquilo de la vida de pueblo.

"Periodistas y visitantes de repente comenzaron a llegar de toda Grecia y del exterior. Solíamos caminar por el sitio todos los días, al trabajar en el campo", dice Athanasios Zournatzis, líder de la comunidad de Mesolakkia.

"Sabíamos que había algo allí, pero no esperábamos la magnitud de este descubrimiento".
Una pareja de belgas que pasa por allí me cuenta que viajó hasta aquí después de leer sobre la tumba en el periódico.

Lotería

El hallazgo ha despertado una ola de orgullo y patriotismo griego, quitando protagonismo, por lo menos temporalmente, a los apuros económicos.

En Mesolakkia, el punto de encuentro de periodistas y viajeros es un tradicional kafenio, o café, con un gran plátano cuya sombra protege del cálido sol de septiembre.

Zournatzis dice que los pobladores esperan "haberse ganado la lotería".

El padre Konstantinos, un cura de 92 años, dice estar atento a los acontecimientos y "compartir el entusiasmo".

Los residentes locales cuentan que ya han recibido ofertas para vender sus tierras, pero muchos quieren esperar hasta que los arqueólogos hagan el anuncio oficial.

"Antes del descubrimiento, aquí el terreno no valía casi nada. Pero ahora nadie vende", dice Menia Kyriakou, habitante de Mesolakkia.

Un grupo de mujeres que toman café en una mesa cercana explica que no es tan fácil enterarse de los últimas noticias sobre la tumba.

Eleni Tzimoka, quien recientemente regresó al pueblo desde Tesalónica, dice que ellas están esperando en el café que la compañía de telefonía instale una conexión a internet.


"Sabemos que la historia de la tumba es grande, pero sin acceso a la red, es difícil mantenerse al día".

Publicada por BBC Mundo.

lunes, 15 de septiembre de 2014

¿Y si los guaraníes inventaron el fútbol?

El mundo, tal vez, ha vivido equivocado. Ha creído –cree firmemente– que el fútbol se inventó el día de 1863 que en Inglaterra se estableció un reglamento para ese deporte que miramos por televisión todos los domingos y que jugamos cada vez que es posible. Que amamos siempre y que odiamos cuando el árbitro nos niega un penal evidente. De hecho, para que el fútbol se llame así, “fútbol”, hay que concederle a los británicos el milagro de la creación: “football” es la suma de “pie” y “pelota” en inglés. 

Pero verás que todo es mentira dice el tango, hay quienes dicen que el fútbol empezó mucho antes y en Paraguay: los guaraníes –pueblo originario que también habitó parte del territorio de lo que hoy es Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay– ya jugaban a la pelota con el pie. Los jesuitas, enviados del “Occidente civilizado” para evangelizar a quienes ya vivían en América cuando llegaron a principios del siglo XVII, se ocuparon de documentarlo.

“Los guaraníes inventaron el fútbol”, se la juega la Secretaría de Cultura paraguaya: así se llama el corto audiovisual que lanzó el organismo para contar su verdad. Este partido, en realidad, empezó en 2010 cuando L’Osservatore Romano –el diario oficial del Vaticano– publicó un reporte hecho por los jesuitas de aquella época en el que se describía su juego: sobre una bolita de arena húmeda se iban encimando capas de la pulpa del árbol Mangaisí, parecido al caucho. Y para darle diámetro, con una bombilla de bambú -son guaraníes, saben de bombillas- soplaban y la pelota se inflaba.

No había arcos por aquellos años antes-de-los-ingleses: los guaraníes salían de misa los domingos, con el pantalón negro y la camisa blanca que había que vestir en las misiones jesuíticas, y entonces se pasaban la pelota con el pie, trataban de controlarla, cada tanto algún puntinazo. Había dos objetivos: que la pelota –que rebotaba bastante– no se cayera, pero sobre todo, como en la vida misma, cansar al rival.

Ganaba el que no se agotaba, y dicen crónicas de años como 1751 y 1777, los enfrentamientos podían durar hasta la caída del sol. Había público y, según algunas descripciones, hasta corrían apuestas.
En las “cartas anuas” –los informes que los jesuitas mandaban desde Sudamérica a Roma cada año– hablaban de la habilidad de los guaraníes para jugar a la pelota: “ mangai ” le llamaban a ese entretenimiento, según el primer diccionario de la lengua guaraní, publicado en 1639. El nombre se había caído del árbol parecido al caucho.

“Creemos que los ingleses pudieron haber sacado la idea para crear el fútbol después de ver a los guaraníes que fueron llevados a España por los jesuitas, y que pudieron haber demostrado el juego ante la realeza, con la presencia de algún inglés que estaba de visita”: todo ese entusiasmo reivindicador es de Máximo Génez, concejal de la comunidad guaraní San Ignacio Guazú, de Paraguay. A muchos allí, cuenta Máximo, les gustaría que su ciudad sea reconocida como “la cuna del fútbol”.

Los guaraníes no fueron los únicos latinoamericanos en jugar con una pelota: en lo que hoy es México, Guatemala y El Salvador, había que embocarla en un aro y se le pegaba con las rodillas, los codos y la cadera. En esas enormes canchas que todavía quedan en Chichen Itzá, por ejemplo, se jugaba a veces no sólo hasta el cansancio sino hasta el sacrificio de varias vidas.

En 1771, el jesuita José Cardiel publicó el libro Las Misiones del Paraguay: allí habló del juego “ manga ñembosarái ”, algo así como el nombre científico del “ mangai ”. Algo así como decirle “ orsai ” al off-side . Vayan sacando los pasajes a Rusia: en 2018 hay Mundial de Mangai.

Publicada por Revista Ñ.

lunes, 25 de agosto de 2014

La ironía en las trincheras de la Primera Guerra Mundial





"¿Es usted una víctima del optimismo? ¿No lo sabe?
Pregúntese lo siguiente:
  1. ¿Sufre de jovialidad?
  2. ¿Se levanta por la mañana pensando que le está yendo bien a los Aliados?
  3. ¿A veces cree que la guerra terminará en los próximos 12 meses?
  4. ¿Cree más en las noticias buenas que en las malas?
  5. ¿Considera que nuestros líderes son competentes para ganar la guerra?
Si contestó 'Sí' a alguna de las preguntas, está en las garras de la terrible enfermedad. Podemos curarlo. Dos días en nuestro establecimiento y borraremos todo rastro de su sistema"

Este "aviso publicitario" del tratamiento contra el optimismo fue publicado por el diario The Wipers Times en plena Primera Guerra Mundial. 

El periódico fue uno de varios publicados por los soldados británicos, franceses, canadienses y australianos entre 1914 y 1918 en el frente de batalla. Se los conoce como "periódicos de trincheras" y los producían como podían: algunos escritos a mano, otros mecanografiados y -los más afortunados- impresos en máquinas de imprenta halladas en ciudades bombardeadas.

Para algunos estudiosos del fenómeno, como Jeffrey Reznik, fueron parte del esfuerzo propagandístico propio de una guerra que necesitaba reclutas. Otros, como la investigadora Stephane Audoin-Rouzeau, piensan que fue una reacción a la información tergiversada publicada en los medios de comunicación tradicionales.

Para el escritor británico Ian Hislop, fueron "literalmente una forma de reírse de la muerte".
Y la muerte era una moneda cotidiana, incluso para estos soldados devenidos en periodistas: el diario de trinchera francés L'Echo de Tranchées-ville dejó de publicarse al año de su primera aparición pues seis miembros de su cuerpo editorial murieron o fueron heridos en combate.

Censura en el frente

Además de avisos irónicos, como el que alerta sobre el optimismo, los diarios de trincheras contenían historias de ficción, poemas escritos en el frente, informes deportivos, editoriales y una columna generalmente denominada "Cosas que queremos saber", dedicada a los rumores y las especulaciones propios de una guerra en la que la censura mantenía a los soldados en una casi total ignorancia de lo que ocurriría con ellos.

Por ejemplo, en una de sus ediciones, el periódico The Trotter's Journal del regimiento británico Loyal North Lancashire ofreció como recompensa "un mes de paga a quien pueda dar información confiable (no 'oficial') sobre el próximo movimiento del batallón". 

Pero la censura no afectaba sólo a los soldados sino también a los periodistas: durante el primer año del conflicto bélico, ningún corresponsal fue acreditado para cubrir la guerra y si alguno era encontrado rondado por el frente era arrestado, su pasaporte confiscado y luego deportado.

El ministro de Economía de la época, Lloyd George, le explicó al editor del tradicional diario británico Manchester Guardian, C.P. Scott, la razón: "Si la gente supiera lo que pasa realmente en la guerra, ésta se suspendería inmediatamente, pero -por supuesto- no sabe y no puede saber". 

Sin embargo, cuando los editores de los diarios británicos señalaron de que la falta de cobertura desde el frente conspiraba contra el proceso de reclutamiento, un grupo de corresponsales fue acreditado por el ejército.

Acompañados constantemente por los censores oficiales, la misión de estos periodistas -según el investigador Phillip Knightley- era "proveer coloridas historias de heroísmo" para asegurar el suministro de reclutas voluntarios y "cubrir cualquier error que pudiera cometer el alto mando".

La falta de glamour

Las heroicas crónicas salidas de la pluma de los periodistas y enviadas por teléfrafo a Londres y París no fueron bien recibidas por los soldados en el frente, angustiados por las pobres condiciones de vida en las trincheras que distaban mucho del glamour de la guerra que los corresponsales describían.

En marzo de 1917, el diario Le Bochofage -publicado por tropas francesas- describía el horror de vivir en trincheras constantemente inundadas por las lluvias: "Los hombres mueren por el lodo, tanto como por las balas, pero más horriblemente. En el lodo, los hombres se hunden, pero -lo que es peor- sus almas se hunden. ¿Dónde están esos periodistas gacetilleros que escriben artículos tan heroicos cuando el lodo es tan profundo?". 

Cuando las batallas estallaban en el frente, la brecha entre los relatos de los corresponsales y los sufrimientos de los soldados se profundizaba. William Beach Thomas, periodista del diario británico Daily Mirror, escribió varias crónicas de la ofensiva aliada en The Somme, en 1916.
Tras leer una de ellas, un oficial le escribió una carta a su familia indicando que el periodista "había recurrido mucho a su imaginación, pues la mitad de lo que escribe no es verdad, sino lo que él cree que debería ser verdad".

The Wipers Times, en varios de sus números, decidió parodiar a William Beach Thomas creando un alter ego llamado Mr. Teech Bomas, que se presenta diciendo: "Escribo desde la mitad del campo de batalla, hay muchas balas pero no me importa, el aire está plagado de proyectiles, pero eso tampoco me importa".

Los horrores de la paz

A pesar del rechazo que les producían las coberturas periodísticas, los autores de los diarios de trincheras expresaban una felicidad casi infantil cada vez que un diario londinense o parisino los mencionaba o reproducía alguno de sus artículos.

Para Audoin-Rouzeau, la razón de este entusiasmo radica en que el rencor hacia los medios tradicionales por parte de los soldados no es otra cosa que "amor despechado", pero otro experto en diarios de trincheras, Graham Seal, opina que había algo más en juego.

Para Seal, los soldados hacían sus periódicos para sus camaradas de armas, pero existía un segundo público -en la retaguardia y en las ciudades- al que iban dirigidas estas publicaciones: los políticos, los altos mandos militares, los medios de comunicación tradicionales y los familiares que se habían quedado en casa.

En su desesperación por llamar la atención de aquellos que no estaban en el frente, los editores de los diarios de trincheras creían que cuando los mencionaban en los diarios de circulación masiva, "quizás alguien estaba escuchando, quizás alguien iba a hacer algo para detener, o al menos aliviar, esa locura".

Pero la "locura" de la Primera Guerra Mundial se extendió por cuatro años. Cuando terminó, los periodistas acreditados con el ejército británico fueron hechos "caballeros" de la Corona mientras que los editores de los diarios de trinchera regresaron en silencio del frente a una paz a la que muchos no pudieron acomodarse.

En una de sus últimas columnas, llamada precisamente "Los Horrores de la Paz", The Whipers Times concluye sus cuatro años de publicacion y sus 23 números con un cierre propio de su flema británica e ironía a prueba de balas. 

"Hemos visto de cerca los horrores de la guerra y ahora nos enfrentamos a otra clase de horror ¡Qué vida! ¿Alguien sabe de alguna linda guerra en la que podamos conseguir trabajo y evitar que el poco pelo que nos queda se vuelva cano antes de tiempo?".

Publicada por BBC Mundo.

sábado, 2 de agosto de 2014

Los objetos cotidianos más antiguos

Los calcetines más antiguos (400 d.C.)
Esta receta sumeria para hacer cerveza data del 3000 a.C. Se trataba de un tipo de cerveza muy fuerte que podía contener trozos de pan flotando en ella.

Esta prótesis de un dedo del pie hecha de cuero y madera fue encontrado en una momia femenina en Egipto y data del año 950 a.C.
El sujetador más antiguo hallado hasta la fecha data del 1390 a.C. y fue encontrado durante la restauración del castillo de Lengberg (Austria).
Esta flauta de hueso de buitre fue descubierta en Alemania y tiene 35.000 años.
El zapato más antiguo, fabricado de cuero y de una solo pieza, tiene 5.500 años y fue encontrado en Armenia.


'Senet', un juego de mesa egipcio que data del año 3.100 a.C.

La estatua 'Hombre Leon' fue encontrado en Alemania y tiene una antigüedad de más de 40.000 años

Publicada por Actualidad RT.